Opinión: ¿Cómo sería una utopía regional? Primera parte

Opinión: ¿Cómo sería una utopía regional? Primera parte

Utopía Regional: El Futuro del Crecimiento en América del Norte

El 16 de marzo marcó el inicio oficial del proceso de revisión del T-MEC. Esta es la primera vez que los tres países —Estados Unidos, México y Canadá— participan en este procedimiento. Desafortunadamente, solo dos de ellos están en la mesa. Por eso, este es el momento ideal para el lanzamiento de una nueva serie: Utopía Regional.

El Éxito y sus Limites de la Integración Comercial

Debemos reconocer que la integración comercial en América del Norte ha sido, en cierta medida, un éxito. Durante las últimas tres décadas, se ha expandido el comercio, se han profundizado las cadenas de suministro y se ha proporcionado a las empresas la seguridad legal que necesitan para invertir y operar más allá de las fronteras. Lo que comenzó como comercio ha evolucionado hasta convertirse en una co-producción continental.

No obstante, este éxito también revela sus limitaciones. La integración comercial era necesaria, pero nunca suficiente para un crecimiento sostenido y generalizado. Tal vez porque nunca fue concebida para serlo.

A pesar de que América del Norte construyó uno de los sistemas de producción más integrados del mundo, el crecimiento de la productividad se ha mantenido modesto, la expansión industrial ha sido desigual y la convergencia de ingresos prácticamente se ha estancado. El comercio creció, pero no siempre la prosperidad fue equitativa. El acuerdo proporcionó una plataforma, pero no fue diseñado para enfrentar el desafío más amplio del desarrollo económico.

Piezas Faltantes en el Rompecabezas

En resumen, la integración comercial fue solo una parte del rompecabezas. Muchas de las piezas más relevantes —infraestructura, flujos de talento, alineación regulatoria y una estrategia industrial compartida— quedaron sin discutir.

Esta nueva serie se centrará en esas piezas faltantes: las políticas, instituciones y decisiones estratégicas que podrían hacer que América del Norte sea más competitiva, productiva y, en última instancia, más próspera, mientras se difunden los beneficios de manera más amplia.

El Futuro de la Cooperación Regional

A medida que Estados Unidos, México y Canadá se acercan a los límites prácticos de lo que los acuerdos comerciales pueden ofrecer por sí solos —y con la revisión conjunta del T-MEC ahora en curso— nos enfrentamos a una pregunta natural: ¿qué sigue?

Mi opinión es que la región debe pensar de manera más holística sobre el crecimiento. “Fortaleza América del Norte” puede ser un eslogan atractivo en los círculos políticos, pero los eslóganes no son estrategias. El verdadero trabajo radica en navegar por las realidades políticas y económicas que dan forma a la cooperación.

En primer lugar, destaca una contradicción. Tanto Estados Unidos como México están atravesando importantes cambios políticos e ideológicos. La soberanía, la identidad nacional y la autonomía estratégica han vuelto a estar en el centro del debate. A primera vista, este resurgir de las prioridades nacionales parece estar en desacuerdo con una integración regional más profunda.

¿Cómo pueden los gobiernos priorizar a sus propios países mientras avanzan hacia una prosperidad regional compartida?

La respuesta radica en identificar áreas donde la cooperación refuerce directamente los intereses nacionales en lugar de socavarlos. Dos objetivos son fundamentales: la prosperidad económica y la seguridad. Si América del Norte puede perseguir estos objetivos de manera colectiva, los incentivos para la colaboración se alinearán de manera natural.

Desafíos en el Contexto Global

La urgencia se agudiza en el contexto global. La arena competitiva ya no es nacional, sino continental.

Competir a esa escala exige más que estrategias nacionales. Ningún país en América del Norte puede hacer frente a un continente entero solo. Una postura de “América Primero” puede satisfacer la política interna, pero económicamente quedará corta ante un bloque rival. América del Norte debe aprender a competir como una región.

Esto requiere enfrentar cuestiones difíciles, pero ineludibles: movilidad laboral y gestión de migraciones, certificación de habilidades regionales, infraestructura fronteriza, facilitación del comercio, alineación regulatoria, marcos de seguridad compartidos, corredores de infraestructura, sistemas energéticos conjuntos y una estrategia industrial coordinada basada en la complementariedad económica. En resumen: construir un ecosistema más robusto.

Categorías de Desafíos

Para mayor claridad, agrupo estos desafíos en tres categorías amplias: personas y talento, arquitectura institucional y co-producción industrial.

Primero, América del Norte debe aprovechar plenamente su capital humano. Nuestra población de medio billón debe competir con más de dos mil millones en China y sus vecinos. El talento necesita fluir hacia donde sea más productivo y necesario.

Esto no significa que los flujos migratorios sean permanentemente altos. México, en particular, necesita que sus jóvenes y calificados ciudadanos se queden en casa. Sin embargo, mecanismos más flexibles —programas de migración estacional y circular, certificaciones profesionales regionales— podrían permitir que médicos, ingenieros, técnicos y trabajadores calificados crucen fronteras cuando sea necesario y solucionen brechas laborales no cubiertas.

En segundo lugar, nuestro marco institucional debe ponerse al día con la realidad económica. La coordinación regulatoria puede reducir la fricción en el comercio, la inversión y la innovación. Los acuerdos de reconocimiento mutuo —por ejemplo, en productos farmacéuticos— podrían permitir que las aprobaciones de la FDA o COFEPRIS tengan peso en las fronteras. Inspecciones conjuntas en la frontera, alineación de normas de propiedad intelectual y enfoques coordinados hacia tecnologías emergentes como la inteligencia artificial pueden incrementar aún más la capacidad productiva.

Por último, la región debe pensar deliberadamente sobre la coordinación industrial. Los incentivos fiscales, la inversión en infraestructura, las estrategias de cadena de suministro, las políticas sectoriales y los campeones regionales deberían reflejar las complementariedades regionales. Es probable que los responsables de política se sientan reacios a llamarlo unión aduanera, pero una plataforma de producción profundamente integrada empezará a parecerse a una.

Construyendo una Utopía Regional

Si se manejan bien, estos pasos podrían crear una región donde la oportunidad esté más distribuida equitativamente, donde las inversiones y los empleos permanezcan dentro de América del Norte, donde la innovación se acelere y donde el dinamismo económico ayude a enfrentar desafíos persistentes, desde el crimen organizado hasta la migración irregular.

El argumento central de esta serie es sencillo: América del Norte ya posee los elementos básicos de un sistema económico continental. Lo que le falta es la imaginación política para considerarse como uno solo.

No se trata de un llamado a una región sin fronteras, sino a una circulación de capital humano estratégicamente gestionada y eficiente. No es una subcontratación imprudente. Es un sistema complementario e innovador donde los tres países diseñan y fabrican productos de alto valor que sostienen empleos bien remunerados a lo largo del continente. Y no implica subordinación o soberanía diluida. Se trata de prioridades compartidas —perseguidas por aliados seguros y socios de confianza, en búsqueda de resultados mutuamente beneficiosos.

Esa es mi visión de una utopía regional.

Conclusión

A medida que avancemos en esta serie, profundizaré en cada una de estas ideas con más detalle.

Puntos Clave

  • La integración comercial en América del Norte ha tenido éxitos, pero también deja claras limitaciones.
  • El crecimiento sostenido requiere abordar cuestiones más amplias que solo comercio, como infraestructura y movilidad laboral.
  • La cooperación debería alinearse con los intereses nacionales para impulsar una prosperidad regional compartida.
  • América del Norte tiene el potencial de convertirse en un sistema económico continental si se gestiona adecuadamente.